Desde pequeños, los seres humanos manifestamos nuestra particular forma de ir al baño. Hay muchos estudios en el campo de la biología, la psicología, la medicina y la antropología, basados en la forma del popó, en la forma de hacer popó, y su evolución en el tiempo. Se dice que la manera de hacerlo, manifiesta la capacidad emocional del individuo de desprenderse, o quedarse aferrado a las cosas.
Existen aquellos niños que, sueltos de vientre y muy deshinibidos, adoptan un estilo canino, marcando su territorio, es decir, su recorrido por el espacio, con esos montoncitos marrones de su autoría, por toda la casa, el patio, el jardín, la calle, y cualquier otro lugar en donde consigan hacerlo, sin la reprimenda de los padres. Esta conducta suele ser corregida al cabo de un tiempo, cuando los niños comprenden las convenciones sociales de que no hay que descargar en cualquier lugar, cada vez que descubren la cara de horror de quien los observa defecando a la intemperie.
Otros niños, en cambio, son más introvertidos y se esconden en algún sitio en donde no se los vea, para aguantarse las ganas de cagar. Se aguantan en el baño (inclusive al lado del inodoro), se esconden bajo la mesa. Cualquier recoveco es bueno, para refugiarse en silencio a evitar ese desprendimiento de lo que consideran suyo, y que no pueden soltar. En este caso, lo más recomendable, es acompañarlos al baño, e inculcarles lo necesario que es descargar, y lo aliviados que se sentirán luego de hacerlo.
Ya en la etapa adulta, cada individuo, con su personalidad desarrollada, adopta su propio estilo. Los momentos para hacer caca pueden ser múltiples. Hay quienes tienen biológicamente cronometrado su tiempo para ir al baño a hacer caca y se levantan, por ejemplo, sistemáticamente luego de comer, para ir al baño. Otros, menos organizados, no distnguen mañana, de tarde o noche para ir al baño. Inclusive es usual en ellos despertarse en el medio de la noche con un atropello de ganas. En tal caso, si siente una corriente de aire fresco, se recomienda despabilarse y, antes de soltar, fijarse si se acaba de sentar en el borde del inodoro o en el del macetón del patio.
A veces, la caca inoportuna puede interrumpir las actividades más variadas: la película, el juego de cartas, la siesta, la obra de teatro, la compra en el súper, el casamiento...
Por otra parte, cabe destacar que no todas las personas son capaces de habituarse a cualquier baño. Hay quienes suelen padecer mucho el estreñimiento estando de viaje. Se puede sentir mucha angustia al no sentirse familiarizados con el inodoro que se tiene en frente, y la angustia se acentúa si se trata de un baño turco, y se convierte en llanto si además descubrimos que, citando al gran Hugo Varela: no hay papel.
Es a partir de la reflexión anterior que es posible concluír que, si se encuentra frente a la situación de descubrir que en una reunión, uno de sus invitados, osó defecar en su baño, es una muestra evidente de que esa persona se siente cómoda y familiarizada en su hogar. Se recomienda reforzar esa sensación, ofreciendo al defecante un café, o una revista para amenizar el momento de espera.
Cuando el defecante se encuentra frente a la situación de no poder defecar, existen métodos para acelerar ese proceso, científicamente comprobados. Al parecer, la contracción anal que provoca el frío, facilita las ganas de hacer caca. Levantar la tapa del inodoro, quedarse descalzo (o desnudo en casos extremos, o en verano), salpicarse con el agua del bidet, son algunos de los métodos infalibles para provocar las contracciones.
Para evitar la ansiedad, y por consecuencia la sensación de frustración, durante los tiempos de espera es muy recomendable acompañarlos con una lectura. Se aconseja tener un revistero en el baño, a fin de evitar el hecho de terminar siempre leyendo los envases de shampoo. Las lecturas sugeridas pueden ser de lo más variadas: historietas, novelas, diarios, revistas, lo que cada persona considere. Según las lecturas elegidas, es posible determinar el tiempo que se le dedica a la descarga fecal. Si se trata de un folleto, notaremos que esa persona posee una excelente fluidez de intestinos. Si se trata de una revista, o un pequeño libro, notaremos que esa persona tiene una fluidez normal, como la mayoría de las personas. Y si se trata de libros como el quijote de la mancha, o las obras completas de shakespeare....bueno....sin dudas nos encontramos frente a una persona constipada. En tal caso se recomienda una buena dosis de ese yogur violeta que publicita Georgina Barbarossa....a pesar de lo que ella diga.
Para concluír, lo más importante es destacar que la mejor actitud para enfrentar el inodoro, es siempre con alegría. Dejemos fluir lo natural, y busquemos nuestro método más conveniente para que cagar, sea, siempre, un placer...
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